“Casa Museo Nicolás Puga”, en conmemoración al 150
aniversario del nacimiento de la poeta Amalia Natividad de Las Mercedes Puga de
Losada, ofrecerá una recepción y recital poético el día jueves 8 de septiembre
a horas 7 p.m., en su recinto, cito en el jirón José Gálvez #634 Cajamarca.
miércoles, 24 de agosto de 2016
jueves, 24 de diciembre de 2015
LOS DIAS
NAVIDEÑOS EN LA
VIEJA CAJAMARCA
Escribe: Nicolás Puga Cobián
Fiesta y evocación con tendencia a lo
ingenuo y pintoresco, sabor a cosa añeja siempre fresca y renovada, era en la
Cajamarca de ayer la Pascua de Navidad. Fue también, por excelencia, fiesta hogareña y familiar, jolgorio y
paraíso del alma infantil.
La Natividad de
Jesús era celebrada en Cajamarca con infaltables detalles que resaltaban su
significado: los Nacimientos y los Villancicos.
Los Nacimientos en Cajamarca fueron
próvida fuente de inspiración popular para representar a través del tiempo, fiel
en todo lo que tiene del ambiente genuinamente serrano, de acuerdo a los usos y
costumbres seculares de esta tierra; son indisoluble mezcla de lo indígena y lo
hispano con todo aquello que durante tres siglos trajo la presencia de la
cultura del viejo mundo y lo sembró y cultivó al amparo de un clima social
lleno de misticismo y credulidad; la síntesis de lo divino y lo humano
expresado en forma natural y primitiva, con figuras, cuadros, cantares
entresacados del ambiente familiar y rural, desde el misterio compuesto por la
Virgen, San José y el Niño Jesús, con los Reyes Magos y los animales del
pesebre de Belén, sin faltarle detalles geográficos propios de nuestro medio
como montañas, ríos lagunas y demás, salpicados con chozas, pastoras y hasta animales de
nuestra región.
Los Villancicos o canciones populares
de contenido religioso, que encierran en sus letras mensajes de amor y valores
cristianos, como necesidad espiritual, contienen también un sentido de añoranza
y al recordarlos es posible remontarse a través del tiempo a las plácidas horas
infantiles. Esos villancicos tienen la marca inconfundible del Ande, al cual se
han adaptado como algo propio, no solo en su conformación material sino en su
profundo significado humano y mestizo, conforme a si idiosincrasia, con
elementos genuinos del medio.
Esos Villancicos y recitaciones eran
acompañados con instrumentos musicales,
completando así el ambiente de perfume y dulzura que exhalan estos
preciosos parajes muy parecidos a los lugares evangélicos donde hace más de dos mil años transcurrió la
vida de Jesús, con los dramáticos pasajes de la Pasión de Jesús, que concluyó
en el Gólgota.
Las pallitas de anaco y los cholitos de
llanques y calzón de chicote, con sus candorosas voces y bailes, recorrían la
ciudad cantando villancicos, al son de sonajitas, acompañados de reinas y princesas que
portaban en las manos ofrendas para ofrecerle al Niño Dios.
La Navidad en Cajamarca, tras un
cansado enlace de preparativos del más variado jaez, comenzaba el l6 de
diciembre en las primeras horas de la noche con “Los Aguinaldos Del Niño”,
más que
en las iglesias en casas
particulares de vieja solera pascual.
Luego de los rezos entraban las parejas
de veladores designados desde el año anterior, quienes tenían a su cargo el
arreglo del Nacimiento en el que al inicio colocaban solamente las imágenes de
La Virgen y San José, brindando luego espirituosos licores nacionales y
extranjeros con los invitados. Al promediar las diez de la noche, servíase el
fragante chocolate, dulce, fuerte, caliente y de manos de mujer, acompañado de
rosquitas de manteca, bizcochos de las Merino, bizcochuelos, panecillos de
maíz, turquitas bañadas con yema de huevo y otros pasteles preparados en casa o
también adquiridos en el Convento de las Madres Concepcionistas y en cuyo caso
la mesa navideña lucía con extraordinaria y deliciosa variedad entre la que
resaltaban las rosquitas fritas de yema, las bizcotelas, los “cigarritos” de
azúcar, los postres de toronja o de limón real, los higos rellenos, carneritos
de azúcar, pasteles de natilla y mucho más, para luego continuar el baile
con orquesta.
En varias casas ya existía, en piezas
armables, la estructura de madera del nacimiento o Pesebre de Belén, revestido
con tela pintada ex profesamente, al cual se le iba agregando sólo cada pieza
de la decoración alusiva, tanto de madera tallada, cerámica, vidrio o porcelana
y un sinfín de materiales, ya sean importados o de la artesanía local, que una
vez terminada la fiesta después de la “Bajada de Reyes” volvían a sus baúles,
estuches o alacenas para esperar el siguiente año.
Nueve noches consecutivas sin apelación
posible, perfumadas con el incienso de oriente, duraban los aguinaldos; pero, la noche del 24 era la de “Diacatolicón y
engrudo, consondolí de yeso y priquete mangansúa” , como decían los viejos
jaraneros de la Lima que se fue, pues aquí
nadie dormía en su cama ni en la ajena, sino que todos los Cajamarquinos
lo pasabamos de clatro en claro recorriendo los Nacimientos, en tanto las
campanas de las siete iglesias, a partir de las diez de la noche, no paraban de
repicar llamando a los fieles a revivir
aquél sacrosanto nacimiento de nuestro Redentor.
Esta noche es noche
buena,
noche de tanto que ver,
que las viejas y los viejos
volverán a renacer.
Cuando la estrella de Belén empezaba a
brillar en el firmamento, toda la población
se alistaba para asistir a la “Misa del Gallo”, mientras tanto en las
cocinas se preparaba el tradicional chocolate. Por esos años el pavo no era
indispensable, porque eran tiempos de
abundancia, baratura y sencillez y no se hacía alarde de nada.
El día 25 era el nuestro, de los hijos
de familia de tres a nueve años, día tan esperado en el que estrenábamos,
vestidos, zapatos y sombrero, para luego, acompañados de nuestros familiares o
allegados, recorríamos la ciudad para ver en detalle cada uno de los
Nacimientos, visitas que nos transportaba a aquellos edénicos parajes bíblicos.
En los templos se lucían los coros de
los franciscanos, de las monjas, de las
huérfanas de Belén, barrios de San Pedro, San Sebastían, el Cumbe, San
José, La Merced, Dos de Mayo y otros; que en esto de entonar la voz los cajamarquinos somos muy mentaditos desde
tiempos de Santo Toribio de Mogrovejo. Diversos grupos de muchachos
cantores, recorrían las comunidades
portando cruces, imágenes en bulto y en lienzo, convirtiendo a los indígenas a
la nueva fe y recibiendo en cada lugar visitado alguna muestra del cariño
cristiano y de la generosidad familiar.
En los templos “nacía” el Niño antes de
las doce – para que los fieles tuvieran tiempo de llegar a sus hogares
justamente antes de la medianoche - , novedad que se anunciaba con repique de campanas,
reventazón de girándulas y avellanas. Pero en casa particulares el Niño Dios
“nacía” a las doce en punto de la noche: dentro de abigarrada multitud de
creyentes que llenaba el recinto aparecía una de las tres muchachas escogidas
entre las más bellas, vestidas de ángeles, llevando la imagen del Niño “recién
nacido” en un azafate de plata o en una canastita de mimbre, metido entre
sedas, terciopelos, pétalos de rosa, claveles y violetas, colocándolo a la
entrada del portal para la adoración de
pastoras y pastores, entre villancicos, recitaciones y desbordante alegría.
Después venía el esperado baile en el
que se lucían las orquestas de don Julio Rojas Succhillo, Rogelio Fernández,
David Marín, Vicente Rojas Pizarro y otros.
Entre los nacimientos más
famosos por la belleza de sus esculturas en madera policromada y de marfil,
destacaban el de doña Helena Cépeda, más conocida como “La Mónica”, en la calle
Dos de Mayo; Ernesto Uceda Gaytán, en el barrio de San Pedro; de “Las Zuritas”
en San José; de “Las Montoya”, arriba del Arco; de “Ña Cargaperros” y de “Las
Payancas” , en San Sebastián; de “Las
Deza” , en Belén; “Las Leandras” , en La Merced; de los Puga, en La Plaza
Mayor; de Ña Melchorita Quiroz, en la calle de Las Monjas; de las “Mestritas
Shocllas” , en su famoso beaterio de San Sebastían.
A parte armábanse otros hermosos y de
grandes dimensiones Nacimientos o Pesebres en las iglesias, y hasta en los
hogares más sencillos del ambiente Cajamarquino se representaba el hecho
cristiano, conforme a sus posibilidades, porque sin ello se consideraba que
Jesús estaba ausente a pesar de ser el protagonista de la fiesta.
“Los Aguinaldos Del Niño” terminaban la madrugada del siete de enero,
luego de “La Adoración De Los Reyes Magos”
seguido de una jarana de “rompe y rasga” en donde se agotaban
definitivamente las provisiones y los cuerpos de los devotos; pero durante
veintidós días todos los recursos y las actividades de la ciudad convergían en
dar a la celebración típicos y brillantes tintes del más genuino costumbrismo
incorporados al alma peruana, precisamente en La Plaza Mayor de Cajamarca, por
la que en la actualidad vemos ya no se guarda ningún respeto.
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Alelí y jazmines,
retamas en flor,
toma Jesusito,
en prueba de
amor.
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La mama Dominga,
el negrito
Andrés,
me encargan
niñito,
que bese tus
pies.
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De la Magdalena,
subo a Llagadén,
por tras de mi
niño,
que va a Tumbadén
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La vaca y la
mula,
al niño alentaban
y los angelitos
por doquier
cantaban.
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Desde Quingrayquero,
vengo manuelito,
con harina y
huevos
pa’ tu cushalito.
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La flor de
romero,
la flor de alhelí
y el niño que
juega,
con la cuculí.
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Temprano cogí,
un lindo clavel,
para regalarte
mi niño Manuel.
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El sol que
calienta,
la luna que
enfría,
la virgen que
canta,
San José suspira.
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Quishuar de la
jalca,
maguey del
camino,
la torcaza canta,
que ha nacido Dios.
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Arena del río,
piedra del
molino,
los arroyos
cantan,
que ha nacido el niño.
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Asesando vengo,
desde Huacaríz,
trayendo a mi
niño,
su verde
payquito.
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El niño dormido,
al son del
tambor,
y el viento que
pasa
con suave rumor.
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Agua cristalina,
de mi manantial,
traigo a que te bañes,
niño celestial.
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Tocan las
campanas
al amanecer,
que un niño en la
noche,
han visto nacer.
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Palma para Dios,
lliclla para
María,
poncho para José,
frazadas para mi
Niño.
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Cantan los zorzales,
cantan los
huanchacos,
cantan los
jilgueros,
que ha nacido
Dios.
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Duerme manuelito,
entre tus
pajitas,
mientras voy zurciendo,
tus pobres
ropitas.
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Zorzalito de
plata,
gorrión de
cristal,
canten sus
amores,
que ha nacido
Dios.
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viernes, 6 de noviembre de 2015
CAPTURA
Y MUERTE DE ATAHUALPA Y EL NACIMIENTO DEL PERÚ
Escribe:
Nicolás Puga Cobián.
Por
lo general pasa desapercibida en el Perú, y, más evidentemente en Cajamarca, una
de sus fechas más importantes,
precisamente esa que lo incorporó a la civilización occidental y es la génesis
de lo que hoy podemos mostrar como
nación forjada a través de 583 años.
El
arribo de Pizarro y sus huestes a Cajamarca, el 15 de noviembre de 1532, con lo
que se inicia la conquista del Tahuantinsuyo, concluye al día siguiente –sábado
16 de noviembre de 1532-. Fueron 106 soldados de a pie y 62 a caballo- que partieron
de San Miguel de Piura, el 24 de setiembre –de los que regresaron nueve- después
de caminar 52 días por los llanos de la costa y los agrestes senderos andinos,
siguiendo la ruta del “Qhapaq Ñan”, que venía desde Quito; entraron a Cajamarca
por el cerro “La Shicuana”, montaña
tutelar de la ciudad, que, en lengua quechua significa: “Lugar donde se separan
los caminos” a la hora de “vísperas” -entre
las tres y seis de la tarde, según se computaba el día solar-.
Esa
misma tarde al encontrar la ciudad con su gran plaza triangular desierta y que según
decir de muchos españoles, era más grande que las de España; tomaron posesión
sin hallar resistencia, porque Atahualpa se encontraba en los “Baños de
Pultumarca”, hoy “Baños del Inca”.
Fue
el cacique Carbatongo, el encargado de recibirlos y alojarlos en los galpones
de piedra que rodeaban la plaza, pues la presencia de los españoles era
conocida por Atahualpa, desde que pisaron tierras del imperio.
Es
importante hacer mención que ni los caciques: Caruarayco y Otuzco, señores
principales de la provincia de Chuquimango; Culquicusma, Tantaguata, Guaygus,
señores de Bambamarca; Pariatongo, señor de Pumamarca; Caruacassas, señor de
Chonda; Paculla, señor de Chuco; Espiler, señor de Cuismango; y Chicamiaanque,
señor del pueblo de Changuco; que formaban las siete Huarangas de la comarca,
figuran en ninguna escena inmediata a la conquista, por estar al lado de
Huascar.
Al
día siguiente, sábado 16 de noviembre de 1532, en lo que dura un crepúsculo, se
consumó la conquista del Tahuantinsuyo, con la captura de Atahualpa, en la
plaza mayor de Cajamarca, ciudad alfa y omega de dos culturas milenarias y disímiles,
marcando para siempre nuestra historia.
Por tal motivo es oportuno señalarla a fin de que despierte en los
peruanos y particularmente en los cajamarquinos, interés por conocer nuestra
historia, por qué estos hechos tuvieron
significación universal.
Pizarro,
simulando cortesía, envió a los “Baños
de Pultumarca”, entre la lluvia y el granizo a Hernando de Soto, con l5 jinetes, para que escudriñara e invitara a
Atahualpa, a cenar; pero temeroso de que su
número no le impresionara, mandó 20 jinetes más al mando de su hermano
Hernando Pizarro, recibiéndolos Atahualpa, con mucha cortesía, revestido con elegante
manto, rodeado de su corte y de mujeres bellas
de su gineceo; ofreciéndoles bebidas en
copas de oro, que despertó aún más la codicia de los españoles.
Cuenta la tradición de que Atahualpa, al
ver a los caballos mascar el bocado del freno, pensó que comían metales y mandó a sus vasallos les
pusieran ladrillos de oro y plata cómo
forraje.
De
regreso a Cajamarca, dieron cuenta a Pizarro de las impresiones recogidas y del
peligro que corrían metidos en el “Espina Dorsal” del imperio; preparando de
inmediato la mortal celada.
Al
día siguiente, sábado l6 de noviembre de l532, Atahualpa, inocente de la emboscada
que le acechaba; venía a Cajamarca, cargado
en anda de oro por los nobles “Orejones”, acompañado por nutrida procesión de súbditos
que, luciendo hermosas libreas, avanzaban cantando, bailando, barriendo el suelo
y esparciendo flores por donde pasaba el inca y su séquito.
Al
llegar a la plaza mayor se produjo la sangrienta captura de Atahualpa y la
muerte de cientos de vasallos que formando
murallas humanas con sus pechos, trataban de salvar la vida de su rey y
de su Dios.
Fue
así cómo terminó el imperio del Tahuantinsuyo, para dar nacimiento a una nueva
conformación geográfica, étnica, idiomática y religiosa; componentes con los
que se han formado muchas naciones.
Lejos
estamos ya en el tiempo y por lo mismo, con mejor perspectiva para juzgar e interpretar las causas y los errores
de esta acción, no en sus manifestaciones objetivas y románticas; sino, en su contenido filosófico, humano,
político, económico y social; nos hace
disentir de las dos corrientes de opinión que existen al respecto: la de los
hispanófilos que añoran los tiempos virreinales y denigran de lo autóctono; y,
de los indigenistas declamatorios y no menos racistas que los primeros, que
reniegan y vituperan de todo lo español, que sueñan con el Tahuantinsuyo, para ser caciques, curacas y hasta incas.
¡Total! un atraso mental de centurias.
La
verdad real, no teórica ni hipotética, reside como todo en la vida en el
término medio. Los que aún no tienen sangre hispana, poseen fuerte influencia
occidental; y, los que no tienen sangre india o dicen no tenerla, ninguno
escapa a la fuerza telúrica del medio ambiente. Ya no caben revanchismos ni corrientes
desnaturalizadas y fuera de la realidad. El destino nos unió igual que a otras
naciones, con las virtudes y defectos de
ambas razas, y resultado de esto es un
mestizaje racial llamado a un gran futuro, cuando esté gobernado con decencia
política y se forme conciencia del rol equilibrador que tiene que jugar en el
desarrollo de los acontecimientos mundiales.
sábado, 16 de marzo de 2013
CASAMUSEONICOLASPUGA
Se halla ubicada en una casona de más de doscientos años de antigüedad en el tradicional "Barrio San Pedro". Sus ambientes han sido acondicionados para albergar un importante conjunto de obras de arte correspondientes a las épocas prehispánica, virreinal y republicana, sin alterar la originalidad de la construcción.
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En el primer nivel se encuentran distribuidas en diferentes habitaciones una importante colección de lienzos, retablos, esculturas, baúles de madera y cuero, relojes de pared y bolsillo, entre otras piezas correspondientes a las épocas del virreinato y república. Todos éstos bienes culturales pertenecieron, en su mayor parte, a viejas familias Cajamarquinas establecidas en la ciudad desde la llegada de los españoles en 1532, motivo por el cual afirmamos que en esta antigua casona está presente parte de la tradición Cajamarquina.
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En el segundo nivel se halla un hermoso conjunto de textiles, piezas cerámicas y piezas metálicas correspondientes a las culturas Caxamarca, Chancay, Chavín, Chimú, Inca, Lambayeque, Moche, Nazca y Wari.
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Todo este valioso patrimonio está registrado en el Ministerio de Cultura, filial Cajamarca.
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